Palabras más, palabras menos

Un día menos

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Atardecer con las Islas Cíes a lo lejos (Sanxenxo)

Empecé la cuarentena – como casi todos – contando los días que llevo encerrada en casa gracias a unas vitaminas que tomaba para ayudar a mis defensas. 30 vitaminas – 30 desayunos – 30 días. Ahora que las he terminado, mi nueva unidad de medida pasa a ser la caja de infusiones de jengibre, (como la hierbas). 20 bolsitas – 20 ratitos – 20 días. Es inevitable calcular el tiempo que llevamos en casa y todos los planes que queremos hacer para cuando se acaben nuestras “cajas”…

Personalmente, la parte que se me está haciendo más cuesta arriba es cuando llega la hora de irme a dormir. Ahí es cuando mi cabeza comienza a darle vueltas a cosas que antes no tenían importancia y que parece ser que, ahora, son lo suficientemente relevantes como para que mi cerebro quiera que esa noche durmamos unas horas menos.

IMG_20200420_152326No todas las noches son así, a veces las paso con compañía peluda. Os pongo en situación: en el salón de mi casa tenemos 3 sofás; 2 de ellos son grandes y el otro que nos queda es pequeño y está un pelín apartado de los demás. Mi madre llama a esa zona  “la biblioteca” o “el jardín”, porque está rodeado de plantas. Todas las noches me tumbo en “el sofá del jardín” con el portátil para ver qué serie me cansa lo suficiente la mente como para meterme en la cama y quedarme frita. De repente, siento una presencia a mis pies. Es mi perro con su peluche de aguacate en la boca. Sube una pata, sube la otra y me mira con esos ojazos que tiene para que le ayude a subir conmigo. A todo esto, tiene un sofá enorme para él solo, pero prefiere ir al más pequeño y estar los dos como si de un tetris se tratase. Es por eso que me encanta en parte las noches, porque me siento afortunada de poder compartir ese ratito con él.

Estos últimos días han sido un poco como una montaña rusa emocional y estoy segura de no haber sido la única. No hay que olvidar que “somos sentimientos y tenemos seres humanos”, que diría un tal M. Rajoy. Echo de menos la rutina ruidosa que tenía, los cafés a media mañana, los paseos con mi perro por el parque, las cervezas improvisadas y el ir corriendo a todas partes. Como me diría mi padre: “Marina, despacio, que parece que vas a apagar un fuego”.

Hace poco, mientras veía unas fotos que hice en verano de un atardecer precioso en Sanxenxo, pensé en que ya queda un día menos para volver a disfrutar de esas vistas. Me puse a pensar y al final salió esto:

Un día menos para madrugar 

Un día menos para tener la misma conversación con tu madre acerca de lo mucho que odias despertarte pronto

Un día menos para el “no sé qué ponerme; no tengo ropa”

Un día menos para pintarte los labios con prisas mientras cierras el bolso, sujetas como puedes el portátil , te pones el abrigo y llamas al ascensor

Un día menos para detenerte a ver los tulipanes de la floristería de tu barrio

Un día menos para perder el bus

Un día menos para que la impresora te tome el pelo

Un día menos para que el polen te haga una visita 

Un día menos para disfrutar de la música en directo

Un día menos para las charlas hasta las mil en un bar

Un día menos para cantar en el coche con las ventanillas bajadas: “Caminos cruzados, jueves perfecto” de Los Fesser

Un día menos para subirte a unos tacones

Un día menos para las coincidencias que solo ocurren cuando sales de casa

Un día menos para perderte entre las pinturas de un museo

Un día menos para que suene tu canción en la radio

Un día menos para el “¿Va a bajarse en la siguiente parada? -Señora, no me estrese, que no son ni las 9h”

Un día menos para empujar y ser empujado (sí, así se sobrevive en el Metro de Madrid)

Un día menos para que esas videollamadas pasen a ser charlas en persona y las conversaciones por teléfono sean susurros al oído

Un día menos para los atascos con Rock FM de fondo

Un día menos para los desayunos de fin de semana  y paseos por el Retiro

Un día menos para el: “¿Estás en casa? Baja, que nos vamos a tomar algo”

Un día menos para esos paseos por la playa de arena fría, jersey y gaviotas

Un día menos para nuestros paisajes

Un día menos para cervecear

Un día menos para abrazar

Un día menos para besar

Un día menos

Y, cómo no, escribí esas frases con una canción en bucle de Xoel López  llamada“Tierra”:

¡Nos leemos!

Un abrazo,

Marina Lozano

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Palabras más, palabras menos

Si te digo que su nombre es Madrid…

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Ilustración de @polinho.trapalleiro

Ella es una mujer que no conoce el mar.
Sus piernas tienen el color de las aceras.
Bastante exagerada y algo bipolar.
Es tan humilde y a la vez tan altanera.

La niña vieja que no acaba de crecer.
Que abre sus piernas por la noche a los extraños
La chica eterna del mantón y del clavel.
La adolescente que ha cumplido tantos años.

Ella es frenética, está corriendo siempre.
Puede que un día la hayas visto madrugar.
Pero de noche no hay un alma que la acueste.
Se emborracha fácilmente, siempre encuentra abierto un bar.

Ella es caótica, cercana y orgullosa
Te hará pensar que baila sólo para ti.
Puede ser que la conozcas, si te digo que su nombre es Madrid

Marwan – Puede ser que la conozcas

Gracias por el inmenso esfuerzo que están haciendo enfermeros, médicos, celadores, veterinarios, personal de limpieza, policía, guardia civil, militares, bomberos, farmacéuticos, cajeros y reponedores de todos los supermercados, transportistas, mensajeros, ganaderos,  profesores, músicos, autónomos… Mucho ánimo para ellos también. ¡La lista es interminable! Daros todos por besados y abrazados.

Por último y no menos importante, un aplauso para todos mis compañeros de profesión. Por los periodistas, cámaras y fotógrafos que permanecen siempre al pie del cañón. Ellos son los ojos del mundo. ¡Gracias!

Es por eso que no se me ocurre mejor ocasión que esta para compartir con vosotros el trabajo de mi amigo y compañero Jesús Umbría. Mientras #yomequedoencasa, él sale a la calle para inmortalizar todos esos rincones de Madrid que hace escasas semanas se encontraban abarrotados de gente. “Ella es frenética, está corriendo siempre”, como dice el poema de Marwan con el que he comenzado esta publicación. ¡Qué impresión da ver nuestra ciudad en silencio!

Acompañadme en este viaje por nuestro querido Madriz:

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© Jesús Umbría.

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© Jesús Umbría.

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© Jesús Umbría.

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© Jesús Umbría.

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© Jesús Umbría.

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© Jesús Umbría.

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© Jesús Umbría.

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© Jesús Umbría.

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© Jesús Umbría.

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© Jesús Umbría.

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© Jesús Umbría.

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© Jesús Umbría.

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© Jesús Umbría.

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© Jesús Umbría.

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© Jesús Umbría.

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© Jesús Umbría.

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© Jesús Umbría.

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© Jesús Umbría.

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© Jesús Umbría.

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© Jesús Umbría.

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© Jesús Umbría.

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© Jesús Umbría.

Os dejo por aquí su perfil de Instagram: @jesus_umbria

¡Nos leemos!

Un abrazo,

Marina Lozano (@lozanomarina_)

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Auschwitz-Birkenau

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El post de hoy es totalmente distinto a lo que suelo escribir en el blog. La pasada semana estuve de viaje en Polonia para ver a mi amiga Adriana, que está de Erasmus en la ciudad de Wroclaw (Breslavia) y, en esos días, tuve la oportunidad de desplazarme a Cracovia. Mi objetivo era claro: ver Auschwitz.

Desde siempre he sentido un gran interés por la historia nazi a través de libros, películas, documentos, entrevistas a sobrevivientes… así que, estando ahí, no podía perderme la visita a ese lugar.

De esta manera, me ha parecido interesante compartir mi experiencia y las imágenes que tomé de cuando estuve ahí.

Mientras caminaba, con el corazón encogido, mi cabeza no podía parar de pensar en que, bajo mis pies, quedaban atrapadas miles y miles de historias…

A medida que iba entrando en los barracones, no daba crédito de las pilas que había de tazas, cuencos, cazos, gafas, cepillos, zapatos, maletas, pelo… Me pregunto si es necesario conservar todo eso como museo. No hay palabras para describir este sitio tan escalofriante.

Las imágenes hablan por sí solas:

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Realmente impactante. Sin duda, una visita muy difícil de olvidar.

Merece la pena venir a verlo, como si de una peregrinación se tratase, para así, poder reflexionar acerca de las atrocidades del ser “humano”.

“Those who do not remember the past are condemned to repeat it.”

(George Santayana)

¡Nos leemos!

Marina Lozano

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El feminismo negro

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Fuente: Pinterest

El 8 de marzo se celebra El Día Internacional de la Mujer, pero ¿por qué se eligió esa fecha?

En marzo de 1857, en el marco de la revolución industrial, las trabajadoras textiles de la compañía Lower East Side organizaron una huelga para denunciar los bajos salarios y las pésimas condiciones de trabajo. Años más tarde, en 1908, 40.000 costureras de grandes fábricas de Estados Unidos se declararon en huelga para reclamar la igualdad de derechos, una reducción de jornada, el derecho para unirse a los sindicatos y el cese de la explotación infantil.

En una de las fábricas donde se declaró la huelga, en la Cotton Textil Factory de Nueva York, los dueños decidieron cerrar las puertas y ventanas de la misma con las mujeres que estaban haciendo la huelga dentro. La tragedia llegó cuando se originó un incendio en el edificio, y al estar cerrado, más de 120 mujeres murieron intentando ejercer sus derechos. Estas dos huelgas han pasado a la historia de la lucha por la igualdad de derechos de las mujeres.

En 1975 , La Asamblea General de las Naciones Unidas declaró el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer.

El morado es el color representativo del Día de la Mujer, un color que está relacionado con la mujer y la igualdad de sexos. Aunque nadie sabe a ciencia cierta por qué se escogió este color, cuenta la leyenda que se adoptó en honor a las 129 mujeres que murieron en una fábrica textil de Estados Unidos en 1908 cuando el empresario, ante la huelga de las trabajadoras, prendió fuego a la fábrica. Al parecer, las telas sobre las que estaban trabajando las obreras eran de color violeta, por lo que se dice que, tras el incendio, se produjo una columna de humo de este color que podía verse a kilómetros de distancia.

Desde Big Yellow Taxi, me gustaría acercaros a algunas de las cantantes que hicieron historia en la lucha feminista: Bessie Smith, Billie Holiday y ‘Ma’ Rainey. Son mujeres y negras que se exponían a una doble discriminación por género y por raza, pero que a pesar de encontrarse en un mundo racista y machista, han sabido encontrar su hueco en el mundo de la música. Sus letras, nos hablaban hace casi ya un siglo de desigualdad, violencia machista, lesbianismo y divorcio.

Bessie Smith

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Bessie Smith (1894-1937) conocida como la Emperatriz del Blues, es posiblemente la primera cantante feminista de la historia. Su canción Sam Jones Blues, grabada en 1923, destaca por ser un blues reivindicativo en el que hablaba del orgullo que siente una mujer divorciada. Bessie fue la artista negra mejor pagada de su época, llegando a ganar 2.000 dólares por semana. Falleció en un accidente de tráfico en 1937 tras recibir una atención médica bastante mejorable.

Billie Holiday

BILLIE HOLIDAY

Billie Holiday (1915-1959) sufrió el rechazo de la sociedad y de la industria musical, que no aceptaba a una mujer negra que se drogaba, bebía, fumaba y siempre estaba rodeada de hombres. Su canción You Let Me Down, hablaba del racismo y del sexismo, un tema que, desgraciadamente, sigue presente a día de hoy.

‘Ma’ Rainey

MA RAINEY

Gertrude “Ma” Rainey (1886-1939) es considerada como una de las primeras cantantes de blues de la historia. Destaca Cell Bound Blues, una canción sobre el machismo: “I walked in my room the other night. My man walked in and began to fight. I took my gun in my right hand. ‘Hold him folks, I don’t wanna kill my man.’ When I did that he hit my ‘cross my head. First shot I fired my man fell dead.”

Conocida como La Madre del Blues, su estilo de cantar y su influencia sobre otras cantantes supo despertar el espíritu reivindicativo de las mujeres negras.

Parece mentira que en pleno siglo XXI que gozamos de tantos avances en tecnología, seguridad, medicina… pero, en cambio, las mujeres seguimos sin avanzar, no porque no podamos, ya que estamos igual de cualificadas o más que un hombre, sino porque no nos dejan hacerlo. Entre esos avances también aparece el de la violencia de género, que por desgracia, no cesa de aumentar.

Hay que recordar que las mujeres no somos el sexo débil, sino que nos debilitan. Me indigna que por ser mujer, tengamos que ir con miedo. Miedo a ser violadas, agredidas, juzgadas, insultadas, acosadas, vejadas… miedo a que nos maten.

Solo nosotras podemos hacer que cambie esta situación.

¡Feliz Día de la Mujer, hoy y siempre!

¡Nos leemos!

Marina Lozano

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