Música, maestro

Muertes absurdas en el mundo de la música

Ilustración de @dagsson

La entrada del blog que leeréis a continuación es un poco particular, ya que no la he escrito yo, sino que ha sido obra de Bitácora Improbable. Todo comenzó a raíz de la siguiente publicación: Pesimista defensiva y a mucha honra.

Empezamos comentándola y terminamos hablando sobre las tazas para el desayuno que dicen algo así como: “Hoy va a ser un gran día: sonríe”, “Adelante, cómete el mundo”, “Hoy voy a conseguir todo lo que me proponga”, “Sonríe a la vida y la vida te devolverá esa sonrisa”… y un lago etcétera de frases aparentemente motivadoras que, en mi humilde -pero poderosa opinión- considero vomitivas. Lo único que consiguen es hacer que empieces el día con unas expectativas demasiado altas y falsas.

Este es un mensaje para los creadores de tazas con frases. Os sugiero lanzar algunas más útiles tipo: “El pan no engorda, el que engorda eres tú”, “Prueba a irte antes a la cama, verás que no te levantarás con esa cara de sueño” o “Antes de cruzar, no olvides mirar si vienen coches”. Esta última frase fue la que desencadenó esta entrada para el blog. Sin más dilación, os dejo en las siguientes líneas el artículo tan interesante y curioso que ha escrito Bitácora Improbable para Big Yellow Taxi. ¡Qué nervios! ¡Dentro texto!:

La historia de la música está plagada de muertes ridículas o que se podían haber evitado. ¿Hay algo más triste para un rockero, que se ha labrado una fama de “salvaje” indomable, que morir por no mirar si venía un coche al ir a cruzar? Triste, triste…

En las próximas líneas repasaremos algunos de los finales menos épicos de músicos de todas las épocas. ¡Comenzamos!

Stiv Bators: líder no de una, sino de dos bandas punk míticas: Dead Boys y Lords of the new church. Este caballero bebió más de la cuenta un 4 de junio de 1990 y cruzó una calle en París sin mirar ni para un lado, ni para otro. Un taxi le arrolló y, aunque quedó tendido en el suelo, se negó que le atendiera un médico. Más tarde murió de una conmoción cerebral.

Bon Scott: una esponja, oiga. De los que se suele decir que se bebe hasta el agua de los floreros. El cantante de AC/DC, la noche del 19 de febrero de 1980, iba tan ciego, que se ahogó en su propio vómito cuando su amigo Alistair Kinear le llevaba en su coche para dejarlo en su casa.

Jean-Baptiste Lully: no solo los rockeros tienes muertes lamentables. Este compositor, instrumentista, bailarín y, ojo, secretario personal de Luis XIV, falleció en 1687 debido a la gangrena. En principio no parece ridículo, ¿verdad?, si no fuera porque la gangrena fue producida por clavarse una batuta en un pie (que ya es difícil) y no permitir que le tratasen la infección. El caballero se negó a que le cortaran la pierna y… se fue entero.

Henry Purcell: otro que ya le vale. Este hombre, que creó bellas y delicadas composiciones, tuvo una muerte de “cuñao” lamentable: corría 1695, cuando una noche de farra, volvió con una tajada considerable a su casa y su mujer se negó a abrirle la puerta. La noche era fría y húmeda y, tras pasar unas cuantas horas a la intemperie, el compositor murió de un tremendo resfriado. Qué triste…

Charles-Valentin Alkan: 1888. Alkan es un reputadísimo intéprete y compositor y se codea con celebridades como Chopin o Victor Hugo. Un día, el genio, que es judío, quiere leer el Talmud. En lugar de levantarse, intentó pillar el libro desde la estantería que estaba sobre su cama y al cogerlo, ésta se le viene encima aplastando al compositor. Por vago.

Michael Hutchence: qué pena, qué pena… El carismático líder del grupo australiano INXS, murió ahorcándose. Unos dicen con un cinturón, otros que con una bolsa en la que tenía la cabeza para alcanzar el orgasmo en una “exótica” variedad de clímax sexual. Qué pena…

Craig Strickland: el mundo del Country tampoco se libra de casos de muertes ridículas. El músico no tuvo más feliz idea que irse a cazar patos a un lago de Oklahoma, una noche de invierno en la que caía una tormenta de nieve tremenda. ¿Qué podía salir mal? La barca volcó y Craig fue incapaz de salir del agua helada.

Terry Kath: perteneciente a la banda Chicago, su afición no solo era la música, sino también las armas de fuego. En 23 de enero de 1978, en una reunión con amigos, sus últimas palabras fueron: “Tranquilos, está descargada”. Estaba apuntando una automática 9 mm contra su cabeza.

Randy Rhodes: uno de los mejores guitarristas de la historia del rock. Qué indignante su muerte: estando de gira con Ozzy Osbourne, durante una parada en el recorrido, Randy se subió a una avioneta para sacar unas fotos aéreas del lugar. El piloto había tomado cocaína y, para hacer una gracia, hizo un vuelo rasante para asustar a los miembros de la banda. No remontó.

¡Artículo interesante, entretenido y curioso cuanto menos! Si os ha gustado, os dejo por aquí su blog para que le echéis un vistazo. Tenéis una cita semanal con Bitácora Improbable para saber más sobre cocina, literatura, música, cine y muchas cosas más: http://bitacoraimprobable.blogspot.com/

That’s all folks!

¡Nos leemos!

Marina Lozano

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