
La música es un escalofrío, un ruido que te eriza el vello, una melodía que te recuerda a una esquina, un acorde que te ilumina la mañana y se cuelga por el balcón de tu garganta. Recorre el estómago como si de una mariposa se tratase te alegra los inviernos más fríos o mismamente la vida.
La música es Leiva y Pereza en primavera, Keane en verano, Bob Dylan en otoño y Joni Mitchell en invierno. Es un concierto bajo el mismo cielo estrellado en el que, si cierras los ojos, tienes el privilegio de que te canten al oído.
La música es una canción de James Taylor en el coche, de John Mayer en la radio y de Norah Jones en tu cabeza. Es caminar por el metro con Rod Stewart de la mano y sentirte Maggie May por un momento.
La música es cerrar los ojos y darte cuenta de que eres el único protagonista de esa canción. Es un momento triste que se convierte en alegría y un placer que pasa a ser algo azul. Es un hormigueo por la espalda y una liberación cuando llega al éxtasis. Pero cuando para la música: se cierra el telón, las luces se apagan y el mundo se detiene. Que no pare ella, que no pare la música.
¡Feliz Día de la Música, hoy y siempre!
¡Nos leemos!
Marina Lozano